
Como parte de la Bienal Patrimonial Orense, el Consejo Provincial de El Oro, liderado por el Ing. Montgómery Sánchez Reyes, arrancó este año el pregón del Centenario del Poeta Alejandro Campoverde Andrade, al que se han sumado otras instituciones como la Universidad Técnica de Machala, Casa de la Cultura, Núcleo de El Oro, Municipio de Machala, Municipio de Pasaje, entre otras que alistan nuevos eventos que se cumplirán a lo largo de este año 2009.
El pregón arrancó con una velada cultural el pasado 10 de abril, día del centenario del nacimiento del poeta pasajeño, donde se puso de relieve su trabajo poético, se cantaron sus versos y se recordó su trayectoria de maestro, poeta y periodista, figura cimera del modernismo en nuestra provincia y Ecuador.
Estuvieron presentes personalidades de la cultura y la administración pública. Fueron los anfitriones la poetisa pasajeña Rosario Vaca de Castro y al señor Salomón Amaya Fadul, Presidente Ejecutivo del Salón de Eventos Monte Líbano. En este Movimiento de restitución del Patrimonio que lleva adelante el Consejo Provincial también se ha sumado la Academia Nacional de Historia del Ecuador.
La Prefectura del Oro, en homenaje al centenario de este poeta publicó y puso en circulación una cartilla literaria, donde consta una breve biografía y una selección de textos del poeta homenajeado. El proyecto de restitución de la memoria lírica de Alejandro Campoverde Andrade, busca promover la memoria viva de su inspiración.
PRIMEROS POEMASEl prodigioso joven poeta pasajeño fue considerado por la crítica modernista guayaquileña como otro raro de la lírica modernista ecuatoriana, que partió de la subjetividad desde su adolescencia. En los años que anteceden a la aparición del periódico "La Voz del Pueblo" (1931) editó su primer libro, en esa época, no hay periódico o revista de prestigio que no haya publicado un poema de Campoverde incluyendo en estos los suplementos literarios de asociaciones culturales muy versadas en el tema.
En el barTodos dirán al verme en el bar todos los días,
-como estigma trágico- que soy un bebedor.
Pero ignoran las gentes que las visitas mías
no tienen mas motivo que el de buscar amor.
Es cierto, muchas veces, para matar el tedio,
ordeno que me traigan un poco de licor.
Y al escanciar la copa del mágico remedio,
como si fuera un beso se alivia mi dolor.
En la casa del frente una mujer labora
cosiendo sus vestidos. Es a ella que a toda hora
mi corazón inquieto la busca en su pasión.
Pero, como es ingrata, distiende mi esperanza,
y en ella cose y cose mi malaventuranza,
y siento que la aguja me pasa el corazón.
En la CalleCuando vas por la calle, al azar nos encontramos.
Tú casi siempre alegre, yo casi siempre triste.
Como la vez primera, al instante nos miramos,
Y evocan nuestros ojos la dicha que no existe.
Y tú pasas, yo paso, para volver a vernos,
al doblar una calle o en tu larga avenida.
A veces yo te busco con afán de queremos,
con afán de entregarte, con los ojos, mi vida.
Te detengo en la calle. Nuestros ojos dialogan.
Y en el mar encrespado de nuestros pechos bogan
dos barquillas, distantes de la ruta que perdimos...
Y cediendo al impulso contrario de la suerte,
con temor de la vida, con temor de la muerte,
por caminos opuestos, silenciosos seguimos...
TabernaSitio sombrío
que el hombre busca
en sus amargas horas de tedio,
sin preocuparse que, con su nombre
va allí a dejar el último medio.
Pero no importa.
La vida es mala, es cruel,
desde el principio hasta su fin
y ni el dinero, ni el nombre, nada como el licor,
para la pena, para el esplín...
A la taberna no van las bestias,
porque las bestias no tienen alma.
A la taberna no van las bestias,
sino los hombres que tienen alma.
Y nada importa que dos amigos, la mesa muda
y el cantinero, de los que beben sean los testigos.
Ellos sí saben que el mundo es fiero.
Y nada importa que por la calle
cruce la risa de los burgueses.
El alma es algo que no se compra,
que no es el fruto que dan las mieses.
En la taberna se mata el tedio
vaciando copas hasta las heces,
y nada importa que por la calle cruce
la risa de los burgueses.
SonambulismoEra la madrugada. Yo la pensé, dormido.
Y fui como un sonámbulo, en actitud incierta,
Hasta su lecho blando. No se oía ni el ruido
Más leve en el silencio de la calle desierta.
A la virgen dormida, yo la besé en la frente.
Acaricié su rostro con besos rumorosos
Y un ósculo en sus labios puse calladamente,
dejando como en súplica sus labios temblorosos.
Y de seguida en fuga abandoné la estancia,
llevando entre mis labios la exquisita fragancia
de su boca dormida -roja flor de erotismo-
Y me lancé, a la calle, toda llena de luna,
como una sombra extraña que al misterio se aduna,
con la vieja locura de mi sonambulismo...